Vivir hasta los 115 años: ¿enfermedad, deseo o realidad?

Vivir hasta los 115 años: ¿enfermedad, deseo o realidad?

Fue, sin duda, una de las preguntas de la mañana y llegó pronto: “¿Es el envejecimiento una enfermedad?“, lanzó al aire el moderador Marc Ramis. “¿Lo es, acaso, la adolescencia?“, repreguntó contestando el prestigioso oncólogo malagueño Jorge Contreras y, entre sonrisas del público, la duda quedó en el ambiente. Se habló sobre aging y se ofreció una completa visión actual del envejecimiento en el interesantísimo debate de la plataforma Movimiento Big Data by ABC, organizado por la Fundación Merck Salud y celebrado en la sede de la Fundación Pons en Madrid.

Y es que existen ciertas líneas de investigación que abogan por tratar el envejecimiento como una enfermedad que se puede tratar y no como un simple proceso natural de la vida. “En el sector biotecnológico y farmacéutico se está creando la industria del longevity“, adelantó Ramis, cofundador y CEO de la empresa Senolytic Therapeutics. “Estamos asistiendo a un crecimiento exponencial del aging, con los laboratorios de los principales centros académicos del mundo haciendo ya pruebas con animales e incluso ensayos clínicos con nuevos tratamientos para humanos que puedan favorecer el aging“.

Uno de los más avanzados en este terreno es el que capitanea desde hace 25 años el genetista australiano David Sinclair. Su laboratorio en Boston es referencia en todo el mundo. Participó en el acto a través de una entrevista grabada en la que habló de que existen “ocho o nueve principales causas del envejecimiento. Si entendemos cómo reducir o detener cada una de ellas, podemos tener un impacto muy grande en la salud humana”. Y abogó por, mientras llegan los medicamentos que detendrán esas causas, “hacer ejercicio y tener hambre a veces, lo que conocemos como ayuno intermitente”.

Las dos mesas de debate programadas estuvieron protagonizadas por científicos, pero mientras que los participantes en la primera pertenecían al sector médico, tecnológico y farmacéutico, en la segunda se abordó el asunto del envejecimiento desde un punto de vista más demográfico y social.

España, potencia mundial en el estudio del envejecimiento

Si en algo estuvieron de acuerdo los ponentes presentes fue a la hora de ensalzar el relevante y absoluto protagonismo español en la investigación del aging a nivel mundial. Los nombres de Manuel Serrano, María Blasco y Carlos López Otín resonaron en el acogedor ático de la Fundación Pons para orgullo patrio.

Ana Martínez Gil, investigadora del CSIC y firme defensora de que “no hay correlación alguna entre la esperanza de vida y la salud”, considera que el envejecimiento es “solo una evolución lógica; la simple consecuencia de seguir viviendo“, y cree que el gran reto actual es “pasar de la biología de la enfermedad a la biología del envejecimiento”. Sorprendió la profesora Martínez no cuando recomendó “ejercicio suave (recorrer unas seis o siete manzanas) para conseguir un envejecimiento saludable“, sino cuando desaconsejó de manera taxativa un ejercicio de alto nivel como el tan practicado hoy en día. “Cada vez hay más patologías asociadas al deporte de alto riesgo que se desarrollan en la ancianidad”.

Merck es una de las empresas líder en el mundo en ciencia y tecnología. Julio Varela es director de Operaciones Comerciales y Realización Estratégica y director de Medicina Clínica y Alergia de la compañía en España. El punto de vista la empresa farmacéutica es clave en toda la nueva industria del aging porque “somos un actor muy relevante para contribuir a que los descubrimientos de la ciencia se conviertan realmente en algo que mejore la vida de las personas. Tenemos que encontrar las vías para llegar a la aplicación clínica, aunque ahora mismo no estamos en condiciones de traer a los pacientes fármacos que ataquen el envejecimiento“, aseguró Varela.

Muy interesante también resultó el enfoque que del envejecimiento se puede hacer a través de la geriatría oncológica. En este sentido, Jorge Contreras, experto en la materia y recién nombrado presidente de la Sociedad Española de Oncología y Radioterapia (SEOR), explicó que “no es que ahora haya más casos de cáncer, sino que las expectativas de vida en las personas son cada vez más altas y estamos más tiempo expuestos a posibles factores que pueden incidir en la aparición del cáncer”.

Contreras defendió que el envejecimiento no es una enfermedad, “porque si lo fuera, todos los ancianos estarían enfermos” y lamentó que “los gobiernos no estén preparados para las consecuencias físicas, mentales, sociales y sanitarias que el cambio en la pirámide poblacional implica”. 

Desde la ciudad polaca de Cracovia intervino en el debate José Augusto García, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, quien aseguró que “el principal motor de cambio social en los próximos años no será ni el cambio climático ni las nuevas tecnologías, sino el envejecimiento de la población”.

Las dos últimas intervenciones del debate tuvieron más relación con el aspecto demográfico, clave para entender cómo se está comportando nuestro país en materia de envejecimiento o, en su cara más amable: la esperanza de vida. En un siglo, este índice ha pasado de los 45 a los 80 años y las previsiones apuntan a que seguirá aumentando. En 2040 España será el país con mayor esperanza de vida del planeta con 85’8 años. La generación de los niños que están naciendo ahora en España tendrá una esperanza de vida de 100 años.

Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC, es de lo que más sabe en España en esta materia. “Ahora mismo el techo límite de la esperanza de vida se estima que está alrededor de los 115 años. Muchos de los cambios que encontramos en esperanza de vida tienen que ver con aspectos sociales o socioeconómicos”. También el nivel educativo y cultural influye. De hecho, se han registrado diferencias de esperanza de vida de más de 10 años entre mujeres nacidas en el mismo lugar, pero con distinta formación.

El profesor Ramiro aportó un curiosísimo hecho diferencial entre lo que ocurre en España comparado con lo que sucede en los países del entorno. “Mientras que aquí la esperanza no para de crecer, en Inglaterra, Francia y no digamos en Estados Unidos, la curva está estable e incluso ha comenzado a bajar el índice“.

Esta segunda jornada de Movimiento Big Data by ABC, -la primera se celebró el pasado mes de octubre y versó sobre el genoma humano-, concluyó con la intervención de una de las opiniones más formadas que existe en España sobre cuestiones demográficas. Es la de Rafael Puyol, catedrático de Geografía Humana de la Universidad Complutense, institución académica de la que también fue rector.

Trabajar más años y con menos pensiones

Puyol se encargó de pintar un panorama tan real como poco optimista. Desde el punto de vista laboral, aseguró que en España “tendremos que trabajar hasta que seamos mucho más mayores y ni las empresas, ni los sindicatos, ni las administraciones, ni los propios trabajadores lo llevamos bien”. En España, entre los 65 y los 69 años, solo trabaja el 7% de la población, cifra minúscula comparada con lo que ocurre en otros lugares de Europa, especialmente los países nórdicos. Para elevarla, el profesor Puyol, recién nombrado presidente de la Universidad Internacional de La Rioja, aboga por lograr “una mayor flexibilidad laboral, que permita a una persona mayor trabajar, por ejemplo, media jornada”. 

Este envejecimiento de la población española tiene su consecuencia más inmediata y real en la absoluta imposibilidad del sostenimiento del actual sistema de pensiones. “Si las personas que se jubilarán en los próximos años quieren cobrar sus pensiones tendrán que apoyarse en una triple pata: un mínimo garantizado por el Estado, un sistema de capitalización mixta y una aportación privada, porque el sistema actual no puede dar para más”.

 

 

 

 

 

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